miércoles, 13 de abril de 2011

Capítulo 22. La venganza de James.

-Déjame llamar a la policía- le digo a Alex dirigiéndome al teléfono. Me pongo el auricular en la oreja y marco el número. Un agudo pitido uniforme no deja de sonar en ningún momento. Mierda, no hay línea. Me giro y me encuentro al hombre de los zapatos rojos mirándome con una sonrisa calculadora.
-Déjala, solo es una niña- le dice Alex.
-Todos los niños tienen que crecer- le contesta.
-No en este momento. No es peligrosa.
-Precisamente es tu mayor peligro. Deberías estar agradeciéndomelo- le reprocha.
-No corro ningún riesgo. No merece la pena.
-Eso lo decidiré yo.- Su tono es sosegado, pero transmite un mensaje que le amenaza si duda de su juicio.
Otro golpe me obliga a darme la vuelta y dejar de prestar atención a la discusión. James ha destrozado la valla al completo y está golpeando la puerta de la entrada con el bate. Al tercer golpe siento que no puedo aguantar más ahí dentro sin hacer nada por evitar que destruya mi hogar. En un impulso de momentánea valentía, abro la puerta y me lanzo a la calle.
-¡James!- grito con furia. Él se da la vuelta con una sonrisa de pirado pintada en la cara.
-Natty...pensaba que no ibas a aparecer nunca.
-¿Qué es lo que quieres?- le pregunto. Espero que no pueda oir el miedo que transmite mi voz.
-Algo que me robaste.
-No te robé nada- miento.
-Mientes. Te descubrí al echar también en falta la figurita de Darth Vader.- Mierda. No debí haberla cogido. ¡Qué narices... Era mía!
-Vete a tu casa, James- intento hablarle civilizadamente. A lo mejor consigo convencerle y todo.
-Ni de coña.- No, no le debo de haber convencido. Mira alrededor y su sonrisa se hace más grande.- Hoy no está tu novio para defenderte.
La simple mención de Alex hace que me envare. Está dentro de la casa con el hombre de los zapatos rojos, que actúa como si fuese su jefe. ¿Saldrá a defenderme? Lo dudo. Hoy no, al menos. Aunque, ¿quién sabe? Ya dije que es totalmente imprevisible.
-La policía está de camino- me paso a los faroles.
-No la tengo miedo.- Sin embargo, oigo una nota de breve duda en su voz. Un punto débil que voy a aprovechar al máximo.
-¿Quieres acabar en otro centro de menores?
-Todo fue por tu culpa...- su cara se vuelve a convertir en una mueca furiosa e irreconocible y su voz en un gruñido animal. No, creo que no estoy llendo por el buen camino.
-¿Por mi culpa? Fuiste tú el que no consiguió la nota deseable en Economía, el que defraudó a su padre.
-¡Mi padre está muy orgulloso de mí!- me chilla.
-¿Orgulloso? ¿De un inútil incapaz de aprobar Economía?- replico con sarcasmo.
-¡No soy un inútil!- me chilla y estampa el bate contra la valla. Una lágrima furiosa recorre su mejilla y sé que he encontrado su talón de Aquiles, pero seré yo la que muera.
Empieza a andar hacia mí con una mueca de rabia y otra lágrima en su mejilla. A cada paso, va levantando el bate, dispuesto a descargarlo contra mí.
Intento correr pero las piernas no me responden. ¿Qué pasa? Estoy paralizada. James se acerca con una lentitud escalofriante que resulta más temerosa aún. Deseo que acabe ya y me mate, esta angustia me está destrozando. Mi cerebro envía órdenes a mis piernas que se niegan a moverse. Joder. Joder. Joder.
Le tengo encima. Siento el aire que mueve al reirse con amarga felicidad y cierro los ojos, esperando el golpe de gracia.



Una lágrima furiosa recorre su mejilla y sé que he encontrado su talón de Aquiles, pero seré yo la que muera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario