Recuerdo muchos momentos vividos en esa casa, pero ninguno con nostalgia. A kilómetros se puede oler el aura de desconfianza que inspira ese lugar, y solo con pensar en volver a entrar en el sitio donde he vivido el peor momento de mi vida se me revuelven las tripas. Suspiro profundamente y avanzo hacia una de las ventanas. Tal y como yo recordaba, sus padres siguen yendo todos los miércoles a cenar a un fino restaurante y él aprovecha para irse de fiesta hasta las 3 de la mañana, cuando volverá a su casa. Y hoy es miércoles. Perfecto.
Ando tranquilamente hasta la parte trasera, donde se localiza la ventana de la habitación de James. Descendiendo justo al lado hay una tubería de plomo resistente, rodeada de enredaderas que la abrazan, que llega hasta el suelo. Subo un pie a un sitio de la tubería que parece resistente. Elevo el otro pie y veo que me sostiene sin problemas. Subo otro pie, una mano, otro pie y la otra mano.
Voy justo por la mitad, cuando de repente se desprende un tornillo de la tubería. Me quedo colgando de mis manos, agarrándome a las enredaderas. Pego un grito agudo capaz de romperle los tímpanos a cualquier perro. Poco a poco, con macabra lentitud, las plantas se van rompiendo una a una. Miro hacia el suelo, a unos siete metros. Me parece lejano y me entra el vértigo. El segundo grito. Oh Dios mio, voy a morir. Lanzo mi última oración mientras las últimas plantas que me sostienen se rompen. Cierro los ojos con fuerza, no quiero ver el golpe que acabe conmigo. Siento como la fuerza de la gravedad hace su magia con mi cuerpo. Casi puedo oir como me doy el golpe.
Al contrario de mis espectativas, caigo sentada en un sitio duro que me mantiene alzada. Me atrevo a abrir un ojo, y me encuentro con una sonrisa burlona. Alex me sujeta en volandas, impidiendo que me estampe contra el suelo. Casi no quepo en mí de gratitud. Casi.
-¿Qué haces aquí?- le pregunto. No he olvidado que me ha hecho salir por la ventana de su casa.
-Salvarte la vida- sonrie. Me deja en el suelo con suavidad y a mí no se me ocurre otra cosa que peinarme el pelo de mala manera con los dedos, intentando guardar un poco de dignidad.
-Lo tenía todo controlado.
-Sí, ya veo- dice con ironía, mirando la tubería que está medio doblada después de mi desafortunada escalada.
-Ha sido adrede. Nunca me gustó esa tubería.- Menuda mentira.
-Ya te dije lo mal que se te da mentir.-Suelto un bufido.- ¿Qué buscabas ahí arriba?
-Mi colgante. El capullo ese me lo birló.
Me mira sonriendo.
-Jamás pensé que llegaría el día en que te viese haciendo algo por lo que te podrían meter entre rejas.
-No estoy robando, solo recuperando algo que me pertenece.
-¿Y el allanamiento de morada?
-Es necesario- me encojo de hombros.- No digo que me guste especialmente colarme en su casa.
-Tampoco pensé que llegase el día en que necesitases mi ayuda.
-No he dicho que la necesite.
Empiezo a andar rodeando la casa. Ahora que me ha fallado el plan de la tubería tengo que improvisar un plan B. Nada. Ni una ventana abierta, ni otra tubería, ni la puerta sin llave. No es tan tonto al fin y al cabo. Alex me sigue alrededor de la casa, y a medida que mi decepción va aumentando, su sonrisa burlona también. Me doy vencida y escondo mi orgullo al decirle:
-Ilumíname.
Se dirije a la parte trasera de la casa, a una ventana, y con un leve movimiento, presionándola hacia dentro con las palmas de las manos, suelta un ligero «clack» y se abre. Se gira para mirarme con burla. Yo me irrito. ¿Cómo no me he dado cuenta? Para disculparme diré que no parecía tan simple.
-¿Cómo sabías que se abría así?- le pregunto.
-Me lo enseñaron hace tiempo. Un amigo ladrón que tuve.
-Ese «amigo» eres tú, ¿no?- le digo marcando las comillas en la palabra "amigo".
-Ese «amigo» está en la cárcel- me imita con las comillas.
-¿Qué le pasó?
-Intentó robar en el banco de Ginebra.
Si Alex es del FBI no puede tener un amigo ladrón. Pero ha dicho que está en la cárcel. A lo mejor iba de incógnito, se hizo su amigo y ¡zas! le cazó robando en el banco de Ginebra y le detuvo. Pero si es del FBI no debería estar ayudándome a robar. No puede ser del FBI. Decididamente, no tengo ni idea de quién es. Dijo que iba a la Universidad. Soy una paranoica. Seguro que oí mal lo del ángel y estoy creándome películas.
Me hace un gesto irónico de caballero señalándome la ventana. Paso una pierna y luego la otra. Debo parecer tonta. Alex me sigue dentro con asombrosa facilidad.
Empecemos con la fase B: robar al ladrón.
-¿Qué haces aquí?
-Salvarte la vida

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