-Voy a matar a ese gilipollas- susurra Alex. Me quita con suavidad una lágrima que resbala por mi mejilla. No me había dado cuenta de que estaba llorando.
-Tengo miedo- susurro. Me da vergüenza admitirlo delante de él. Siento que le acabo de abrir una puerta a mi mundo para mostrarle mi debilidad, cuando dije que debía ser fuerte. Insospechadamente, me atrae hacia él para abrazarme. En ese momento mi móvil empieza a sonar y mentalmente insulto a quienquiera que esté al otro lado. A regañadientes me levanto y lo cojo.
Número desconocido.
-¿Sí?- digo cautelosa.
-Natty... ¿sigues teniendo el móvil de la Edad de piedra?- me susurra una voz al otro lado. Vale, es posible que no sea de última generación, pero tampoco es para pasarse, ¿no? El móvil se me empieza a resbalar entre los dedos, pero me recupero y lo sostengo en mi mano.- Perdona, no te habré despertado, ¿no?- finge estar avergonzado.
-No te preocupes, estaba despierta- le contesto con frialdad. No le voy a dar el gusto de desvelarme.-¿Qué quieres, James?
Oigo como Alex se levanta de la repisa y se pone detrás mio para protegerme. Agradezco ese gesto que me hace entrar en calor.
-¿Qué quiero? Quiero que vuelvas conmigo.
-Jamás volvería contigo.- Aprieto los dientes.
-Vamos, me lo debes.
-¿Que te lo debo?- pregunto con incredulidad. Este chico es gilipollas. No, en serio, no sé que le han hecho este último año pero definitivamente le han jodido la cabeza. Aún más.
- Me enviaste derechito a un centro de menores.- Vuelvo a oir un odio profundo. Su voz ha descendido una octava.
- Era lo que te merecías. Intestaste violarme, me diste una paliza.
- Estaba borracho, nena. Un error lo comete cualquiera. Somos humanos, ¿no?
-Tú no. Eres un animal.
Oigo como se rie. De mí. Pero no como lo hace Alex, sino rebajándome.
-Venga, dame otra oportunidad... Mira por la ventana.
Alex tensa los hombros. Lleva una camiseta blanca que deja ver su cuerpo bien moldeado. Lo ha oido. Me dirijo a la ventana.
Ahí está él. Con una blazer negra hecha a medida y unos pantalones italianos importados de Milán seguramente. Me pregunto como pudo parecerme guapo. Tiene el pelo albino reluciendo a la luz de la luna y en sus ojos brillan las peores intenciones.
-Baja- me pide. Mis padres están en casa y tengo miedo de que puedan oirle así que me dirijo a las escaleras. Alex me sigue en todo momento, en silencio. Con él ahí me siento mucho más fuerte aunque jamás se lo diré a la cara. Dudo de que con él delante James se atreva a hacerme algo. Llego al jardín. Me está esperando con una sonrisa reluciendo en la oscuridad. Ahora me doy cuenta de a lo que se referían Vir y María cuando me dijeron que lo habían visto en sus ojos. Tiene el pelo repeinado hacia atrás, ayudado por un kilo de gomina.
Se fija en Alex y su sonrisa flaquea, pero siempre fue un gran actor y finge que no ha destruido sus planes.
-Has traido a un amigo. ¿Tu nuevo novio?- le mira con soberbia.
Ese pensamiento me hace sentir muy violenta. Noto como me sube la sangre a la cabeza. No me atrevo a mirar a Alex.
-No.
-Pero te gustaría, ¿no es cierto?- Está intentando confundirme, hacerme enrojecer y que me sienta incómoda.
-¿A qué has venido, James?- le digo por fin, cambiando de tema.
-Ya te lo he dicho. Te quiero.- Tiene una voz suave, persuasiva pero de un modo maligno. Comprendo como caí en sus redes. Se acerca a mí y extiende el brazo para agarrarme. Me toca el pelo, cerca del cuello y veo sus intenciones de seguir bajando. Pero Alex es más rápido y le agarra el brazo, situándoselo detrás de la espalda.
-Atrévete a tocarla y no será lo único que pierdas- le susurra. No alza la voz en ningún momento pero la amenaza sigue patente. James suelta una risa desdeñosa que se convierte en una mueca de dolor cuando Alex le retuerce un poco más el brazo.
-Déjalo, Alex- le digo. Estoy disfrutando mucho, lo admito. Pero no soy de las de diente por diente y no me apetece verle sufrir. Hoy no.
Alex le suelta después de mirarme un segundo y James se acaricia el brazo.
-Tu novio tiene fuerza, ¿eh? A lo mejor él puede controlarte mejor de lo que hice yo.- Me mira y me dan ganas de vomitar. Pero ninguno de los dos decimos nada ante lo de "tu novio".
El cielo empieza a clarear y James dirige la vista al sol que sale entre los edificios.
-Piénsatelo, Natty. No nos lo pasamos mal, ¿no?- me vuelve a hablar como persuadiéndome y no me molesto en contestarle. No me lo voy a pensar. Le miro con frialdad mientras se aleja hacia su cochazo gris (no sé que marca o modelo pero es muy caro, seguro).
Después de un rato, Alex se despide y se va a su casa, y yo me dirijo a mi cuarto.
Estoy en la cama, preguntándome qué hacía Alex a las 5 de la mañana en ropa de calle y de donde vendría, cuando me acaricio el cuello. Me siento vulnerable, desprotegida. Entonces me doy cuenta de a qué se debe esa sensación.
No tengo mi collar.
"No tengo mi collar."

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