viernes, 4 de marzo de 2011

Capítulo 5. No dudo de mi cordura.

Me despierto por la mañana tumbada en mi cama con la ropa todavía puesta. Está arrugada y tengo el pelo despeinado. ¿Cómo pude dormirme con la ropa puesta? Estaba viendo una peli del oeste y me quedé dormida en el sofá. Puede que la pregunta sea: ¿Cómo llegué a mi cama? A lo mejor Vir tiene razón y soy sonámbula. Me siento al borde de la cama y miro el reloj digital que hay encima. Las 11:00. Demasiado tarde para tratarse de mí. Muchas emociones, quizás. Pero hay algo que atrae aún más mi atención. Posada con suavidad, casi levitando encima del reloj, se encuentra una pluma blanca. Mi mente me dice que algo raro pasa, pero no he desayunado y me acabo de levantar, así que decido dejar las cabilaciones para otro momento.
Miro por la ventana y veo salir a Alex de su casa, silbando y lanzando las llaves al aire para recogerlas después en su mano otra vez. Corro escaleras abajo como una posesa y  a punto de caer rodando. Salgo por la puerta justo cuando abre la puerta de su coche, y prácticamente me tiro encima suyo cuando le digo:
-¡Tú! ¿Cómo lo hiciste?
-¿Cómo hice el qué?-dice con un rastro de sorpresa demasiado fingido. No me fio un pelo.
-Colarte en mi casa sin abrir ni una ventana ni una puerta, y luego desaparecer en un segundo.
-Creo que ese tema ya lo hemos discutido.- Pone los ojos en blanco.- ¿Has ido ya a que te lo miren?
-¡No estoy loca!
Me mira con cara escéptica, levantando una ceja. Vale, tengo el pelo revuelto, la ropa arrugada y mal puesta y seguramente se me haya corrido el rímel al dormir, pero no estoy loca, ¿de acuerdo? Joder. Nunca había dudado de mi cordura hasta este momento. No, directamente nunca he dudado de ella. Es él, que me confunde.
Me acerco a él amenazante, y le susurro para dar más énfasis a mis palabras:
-No me gusta tu juego sucio y por mucho que lo niegues yo no dudo de mi cordura, sé que estuviste ayer en mi casa. No soy sonámbula y las figuras que faltan sé que las rompiste tú.
Se rie. En mi cara. No puedo con mi cabreo. Este chico está haciendo que dude de mí hasta Vir. Ahora mismo tengo unas ganas tremendas de soltarle una patada en el centro de ese perfecto culo.
-Lo siento, Natalie, llego tarde. Otro día me cuentas que tal te van las sesiones.
Se mete en el coche y arranca sin darme tiempo a reaccionar.
Cabreada, vuelvo a mi casa pisando fuerte y dándole una patada a la verja blanca que la rodea.
Me voy directa a la ducha mientras me como una magdalena de desayuno. Tiro la ropa directa a lavar y me meto en la ducha. El agua cae justo sobre mi coronilla, descargando todas las tensiones.
Más relajada, salgo con una toalla alrededor del cuerpo. Sigo pensando en Alex. Maldito cabrón... ¡Mira que llamarme loca! Entonces caigo en algo que antes se me había pasado por alto. Sabía mi nombre, me había llamado Natalie. Y yo no se lo había dicho. Mi nombre lo descubrió la noche que entró en mi casa. Le cacé.

Alex.

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