Alex se gira, me da un repaso y, sin decir una palabra, se vuelve a dar la vuelta y sigue andando.
-¡Eh!-repito.- ¿Qué haces?
Por perseguirle me he ido metiendo más y más en el callejón y no me hace ninguna gracia. La calle es estrecha y agobia. Tiene las paredes negras de la suciedad y está mal iluminada.
-¿Qué quieres?- me pregunta parándose a unos cuantos metros.
-Que me expliques qué hacías ayer por la noche en mi casa.
-¿En tu casa?- Me mira como si estuviese loca.
-Sí, en mi casa. Esa que está justo enfrente de la tuya.
-Sé cual es tu casa. Eres mi nueva vecina, ¿no?- Asiento y prosigue:- Pero nunca he estado en tu casa.
-¿Qué?- parpadeo perpleja.- ¡Claro que has estado! Anoche a las tres de la madrugada.
-¿Sabes? No tengo tiempo para ocuparme de vecinas psicópatas que sueñan cosas raras y luego me abasallan en los callejones.- debe de estar bromeando. Tiene la cara normal, no me deja leer nada en sus facciones. Definitivamente este chico es idiota.
-Me rompiste dos figuritas. ¡Y no estoy loca!
-Ya... ¿Has pensado en ir a ver a un médico?
-¿Cómo?- Vuelvo a preguntar como una idiota.
-Digo que te lo vayas a revisar- me dice lentamente, como si fuese imbécil, dándose unos golpecitos en la cabeza. Acto seguido gira sobre sus talones y sigue andando. Yo me quedo parada ahí unos minutos con la boca desencajada.
Cuando me recupero de la sorpresa, vuelvo a la cafetería y me siento enfrente de Vir.
-¿Y?- me pregunta expectante.
-Dice que nunca ha estado en mi casa y ha sugerido que estoy loca.- Más que sugerirlo lo había afirmado rotundamente.
-A lo mejor lo soñaste.
-No lo soñé, estuvo ahí. Y todavía tengo las figuritas que rompió para demostrarlo.
-¿Cómo entró en tu casa?- pregunta.
-No lo sé. Las ventanas estaban todas cerradas y la puerta también. Y para salir... Simplemente desapareció.
Conozco perfectamente a Vir y noto cuando no se traga algo. Ahora mismo lo estoy viendo en su cara.
-Vamos a mi casa, necesito comprobarlo.- «Y que me creas» añado en mi fuero interno.
Menos de quince minutos después estamos mirando fijamente la basura, buscando los trozos de las figuritas que rompió.
-No las veo- dice Vir.
-Esta mañana he hechado la basura a la calle para que se la llevase el camión. Estaban ahí.
Adiós a mi única prueba que demostrase mi cordura. Joder.
Vamos al piano para que Vir vea que no están las dos figuritas de los ángeles.
-Has tenido episodios anteriores de sonámbula, ¿no?- dice Vir. No me gusta el camino que está tomando. ¿Esque no me cree?- A lo mejor estabas soñándolo y rompiste las figuritas sin quererlo.
-Fue él. Te lo juro, Vir.
-De cualquier modo, ¿por qué rompiste precisamente las de los ángeles?
- ¿«Rompiste»? No me crees, ¿verdad?- la pregunto hundida. Pero no hace falta que me conteste, lo veo en su rostro.
-Me gustaría, Nat. Pero, ¿qué pruebas tienes? Tu relato fue extraño. Tu nuevo vecino entra en tu casa a las tres de la madrugada sin abrir ni una puerta ni una ventana y desaparece en un segundo, disolviéndose en la nada. No se molesta en robarte ni una joya, solo toca tus figuras y rompe dos angelitos. Y cuando le preguntas, dice que estás loca y que jamás estuvo en tu casa. Es demasiado, Natalie. Deberías haberte inventado algo menos fantástico como que tu vecino te observa con unos prismáticos desde su ventana, o algo así.
-Vir, tienes que creerme.
Se encoje de hombros mientras se disculpa. Yo me doy por vencida.
El reloj da las nueve de la noche y Vir se despide.
-He quedado con Jonny para cenar. Te veo mañana, ¿no?- me dice antes de irse.
-Claro.
Jonny es su novio desde hace dos años. Son la pareja perfecta. Él la saca una cabeza, es más o menos de mi altura, lo que le parece perfecto a Vir. Es castaño, con los ojos marrones y tiene una espalda ancha después de un montón de años en el equipo de Rugby del instituto.
Es cariñoso y está siempre pendiente de ella. Son la envidia de todas las chicas y los chicos que los ven.
Cierro la puerta con llave cuando Vir se va. Con un suspiro me siento en el sofá a ver un rato la tele.
Después de media hora de zapping sin resultados, algo despierta de nuevo mi interés.
Una señora con el pelo mal teñido de pelirrojo, sujetado con una diadema morada de lentejuelas y demasiado maquillaje que no consigue ocultar las arrugas está presentando un programa llamado «Más allá de nuestro mundo». Dejo el programa un rato para reirme de la señora. Está hablando sobre ángeles y demonios que viven entre nosotros y unas cuantas gilipolleces de ese estilo. Más tarde me arrepentiría de haberme reido de ella y haber pensado eso.
¿Y Alex decía que yo estoy loca? Eso es que no ha visto nunca a esta señora hablar. Me rio un rato más. Lo peor es que seguramente haya algún idiota que se lo creerá. Cuando me empiezo a aburrir cambio de canal y pongo una película antigua del oeste que ni siquiera me interesa.
Me quedo dormida en el sofá, escuchando de fondo el sonido de las pistolas.
Natalie.
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