viernes, 4 de marzo de 2011

Capítulo 3. Stop&Coffe.

-¿En tu casa? ¿A las tres de la madrugada?- me pregunta María con incredulidad. Vir me mira con los ojos como platos sin abrir la boca. Estamos en el parque, al lado de una pequeña fuente. Les estoy contando mi pequeña aventura de anoche.
-Lo que oís- digo asintiendo con la cabeza.
-¿Qué se le perdió ahí?-sigue preguntando María. Tiene un bonito acento español que le añade cierta originalidad a cada una de sus palabras. María es morena, con la tez aceitunada y los ojos azules. Es bajita y tiene el pelo negro corto recogido en dos  trenzas. Tiene pequitas en las mejillas que le dan un aire de niña pequeña muy inocente, y hacen juego con su personalidad, un poco pueril pero sin rayar en lo excesivo.
-A él no sé, pero a mí la dignidad. Acababa de tener un sueño en el que estaba delante de su casa, y me preguntó qué había soñado.
-¿Y qué le dijiste?- añade cada vez más emocionada. Tiene los ojos abiertos de par en par como si le estuviese contando la mejor historia del mundo.
-Que no lo recordaba. Pero me pilló. Me dijo que cuando miento desvio la mirada y me toco la oreja. De todos modos, es un creido y un prepotente. Y encima me rompió dos figuritas.
-¿Qué vas a hacer?-pregunta María.
-Le diré a mi madre que se me cayeron al suelo sin querer mientras limpiaba. Si se entera de que un chico entró no volverán a dejarme sola.
-Me refería respecto a Alex. Se llama así, ¿no?
-No lo sé. Había pensado en presentarme en su puerta a pedir explicaciones.
-¡Perfecto! Entonces te dirá que no es nada, pero una pistola asomará por el bolsillo de sus vaqueros. ¡Y te verás envuelta en un auténtico misterio!-María está ahora chillando y dando saltitos. A diferencia de Vir, María se emociona con cualquier cosa y está siempre gritando. Es como la hermana pequeña que mis padres nunca me dieron. ¡Y anda que no insistí! Vir sigue callada, como reflexionando.
-Bueno, chicas, me voy corriendo. ¡Hoy tengo mi primer día de trabajo!- Vuelve a gritar María emocionada.
Vir y yo la deseamos suerte al unísono y la prometemos pasarnos por la cafetería donde trabaja más tarde.
-¿Qué opinas?- la pregunto.- Has estado todo el rato callada.
-Creo que ese chico oculta algo, pero no creo que sea algo como un asesinato. O es posible que estuviese borracho y solo quisiese un poco de marcha.
-No estaba borracho, estaba perfectamente en sus cabales, créeme.
Se encoge de hombros y seguimos hablando. La opinión de Vir siempre me ha importado por encima de cualquiera. Es observadora y nunca se le pasa desapercivido nada.
Dos horas después nos dirigimos al Stop&Coffe para ver a María. Nos sentamos en una mesa lo más alejadas posibles de la ventana porque en este mes de junio el calor abrasa como nunca.
-¿Habéis visto lo que me han hecho ponerme?- dice María desconsolada. Lleva un gorrito rosa cuadrado y un delantal rosa que la hace parecer un bebé gigante. Se sienta a nuestro lado y apoya la cara en la mano con una mueca de disgusto.
-Mery, ¿quieres que te lleve un café?-le grita regañándola con sarcasmo el que parece el camarero jefe.
-Es mi tiempo de descanso, mister, y es María, no Mery.
-¿Tiempo de descanso? ¡Aquí no hay de esas mariconadas! ¡Ponte a trabajar!
Con un suspiro, María agarra su bandeja y sigue atendiendo mesas.
Una pelambrera morena asoma en una de las mesas. No puede ser. Me levanto ligeramente de la silla para conseguir ver mejor. Es él. Sus ojos azules están mirando hacia la persona que lo acompaña y no me han visto. La barra me tapa la visión de su acompañante. Me  escondo tras el menú mientras le susurro a Vir que mire hacia allí.
-Es él, mi nuevo vecino.
Vir le mira y sonrie.
-Es guapo, ¿no?
En ese momento María va a atender su mesa. Yo espero a que termine para llamarla con una seña.
-¿Habéis visto al de la mesa que acabo de atender? Con tios así como clientes vuelvo a tener ganas de trabajar aquí- dice muy rápido y con una sonrisa de oreja a oreja.
-Sí, le vi ayer cuando se coló en mi casa.
A María le cuesta reaccionar. Hasta que al final dice abriendo mucho los ojos:
-Oh Dios mio, ¿es él?
Asiento mientras me aparto el menú de la cara. Vuelvo mi vista hacia la mesa de Alex, que se está levantando. Le tiende la mano a su acompañante, que se la estrecha, y sale por la puerta. Esta es mi oportunidad.
-Luego os veo, chicas.
Ni me giro para mirarlas, para no perder de vista a mi vecino. Salgo por la puerta de la cafetería siguiéndole a una distancia prudencial.
Pasado un trecho gira a la derecha, metiéndose por un callejón y sin dudarlo le sigo para abordarle.

Stop&Coffe.

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